Eva
Escrito por jcab el Tuesday, 29 de March del 2011
¿Sabe qué? si algún día tengo una hija se va a llamar Eva
Era de noche y la familia dormía. Estábamos solos con mi abuela, Mama Eva, en la cocina de su casa, un espacio pequeño con suelo de arcilla y techo de lámina, una puerta pequeña de metal y ventanitas formadas por el espacio que había entre ladrillos y blocks. Cumplíamos con ese ritual no escrito de quedarnos hasta tarde los dos solos para poder charlar más a gusto mientras ella preparaba dos tazas de incaparina para luego tomarla con un cigarro. Yo estaba sentado y ella cerca de una pequeña estufa de gas. Me estaba contando la historia de un ahijado suyo de cinco años que insultaba a la gente cada vez que le decían su nombre en diminutivo. La interrumpí y le hice esa promesa. Ella calló. Me miró. Sus ojos se humedecieron y dijo tan chulo mijo…. No dijimos nada durante unos minutos. Creo que porque ambos queríamos aislar ese momento en el tiempo. Conservarlo y disfrutarlo.
El cinco de febrero nació mi hija. Y todo pasó rápido. La primera vez que cargué a mi hija, el beso que le di a mi esposa, los abrazos con mi familia de España, las llamadas con mi familia de Guatemala, el primer pañal cambiado, la primera noche juntos, las visitas de los amigos, los llantos prolongados, el cansancio, las ojeras y la fuerza que te sale aunque estés completamente agotado.
También pasaron rápido esas noches observando a la niña dormir mientras pensaba en todas las personas importantes en mi vida y en cómo han ido marcando ese camino que me ha llevado a este momento. En como esa niña es el resultado de todo lo que he vivido y a la vez el inicio de lo que ahora viviré. Una a una fueron desfilando, en presencia o a la distancia, todos nuestros seres queridos con grandes muestras de cariño. También uno a uno fueron desfilando por mi mente todos los que ya no están con nosotros como tía Mary, mi abuelo, Felipa y mi padre. Mi padre, cuántas veces he pensado en mi padre.
Y todo pasó tan rápido. Todo. Todo menos un momento.
Acababa de conocer a mi hija. Ella estaba en una cunita con rueditas. Me miraba mientras yo intentaba decirle todo lo que soñé con decirle en ese momento. Una enfermera me dijo que me la llevara en esa misma cunita hasta la habitación que nos habían asignado. Allí esperaba mi familia en España. Para llegar a esa habitación tenía que atravesar un pasillo muy largo. Empecé a empujar la cunita. Mientras avanzaba vi que llevaba una etiqueta que ponía su nombre: Eva. Fue entonces cuando pasó. Me vi bajando una pequeña rampa y atravesando un patio de cemento con hojas secas en el suelo y un árbol grande en el medio. Unos pasos más y llegue a una cocina con una pequeña puerta de metal y dos escalones. Agarré a mi hija en brazos y entré a ese pequeño espacio con el suelo de arcilla y el techo de lámina. Ese sitio en donde pasé los mejores momentos de mi niñez. Y allí estaba ella, fumando un cigarro y tomando incaparina. Nos miramos en silencio. Le quise decir tantas cosas pero al final sólo me salió le presento a Eva. Ella se acercó, le dio un beso y le dijo tan chula mija…
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