Escrito por jcab el Tuesday, 9 de October del 2007
Cagado de miedo. Así estaba cuando aterricé en España hace cinco años. Cagado de miedo. Volveré en un año, ya van a ver como vuela el tiempo le dije a mi mamá y a mis hermanas cuando nos despedimos en el aeropuerto La Aurora. Ya van cinco años. Me fui con veinticuatro, ya tengo veintinueve. Como pasa el tiempo, ahora intento escribir sobre las cosas relevantes que me han pasado pero son tantas que no sé ni por donde empezar. Sé de donde partí y creo saber en donde estoy pero el camino ha sido largo y yuca. Empecé solo y ahora estoy acompañado.
Hace cinco años salí cagado del avión, me esperaba el Camel que ya llevaba un mes aquí. Hace cinco años con Camel en el aeropuerto me tomé un café de dos euros y dije ¡puta son casi 20 quetzales!. Hace cinco años llamé a mi mamá y le dije que había llegado bien y que la extrañaba. Hace cinco años me quedé mudo al ver que no entendía muy bien a alguien que hablaba el mismo idioma y también descubrí que yo tenía acento. Hace cinco años tenía unas maletas, un sobrecito bien guardado y unas ganas de saber qué iba a pasar.
Estando lejos veo como yo y mis compañeros de andanzas valoramos y sentimos mas la tierra en la que nacimos. Hoy recuerdo ese día con nostalgia y a la vez con un poco de orgullo, orgullo de ver que en otra tierra me abrí mi espacio. He conocido gente buena en el camino y he encontrado a mi compañera en la vida. Ahora tengo tres países. He cambiado, sé que he cambiado. Me gustaría pensar que para bien y que he abierto un poco la cabeza. Pero a pesar de haber sido yo el que hizo el viaje sé que nunca he caminado solo. Sé que siempre han estado conmigo muchas personas. A las de acá les doy las gracias. A las de allá lo mismo pero también les pido disculpas ya que sé que no ha sido fácil. Ya son cinco años y todo a pulmón, todo a pulmón.
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Categoría: Relatos
Escrito por jcab el Tuesday, 25 de September del 2007
Era viernes. Salí tarde de la oficina y decidí pasarme un rato a la casa en donde estaba reunida la gente. Ya no sé si era un cumpleaños o un chupe cualquiera pero me acuerdo que estaba cansado así que me tomé dos cervezas, estuve un rato y me fui. Era la una y media de la mañana. Iba manejando camino a mi casa cuando vi el retén policial a lo lejos. Me hicieron señas y paré. Fue hace seis años y aún me dan escalofríos cuando lo recuerdo.
Me pidieron que me bajara del carro y les enseñara la documentación. Les enseñé la licencia, los papeles del carro y mi cédula de vecindad a tres de ellos, se alejaron un poco, en teoría para examinar los papeles con cuidado, luego volvió ya sólo uno de ellos quien al parecer daba las órdenes. Era flaco y pequeño. Tenemos un problema usted, su licencia venció ayer y usted está conduciendo en estado de ebriedad. Haciendo caso omiso a lo segundo le pedí ver la licencia y efectivamente había vencido el día antes. Me excusé diciéndole que no me había dado cuenta y que al día siguiente la iría a renovar y que seguro tendría que haber un plazo para hacerlo. Me dijo entonces que yo iba bebido, le expliqué que había tomado dos cervezas y que podía hacerme la prueba de la alcoholemia ya que para ese entonces contaban con el equipo necesario. Se negó. Me cambió el tema y me dijo que sacara lo que llevaba en el maletín en el asiento de atrás. Una laptop, la del chance. Me pidió que la encendiera, lo hice y después me dijo que la apagara. Luego me pidió que me metiera en el carro, pensé que me iba a dejar ir pero luego vi como se metía el del lado del copiloto. Cerró la puerta y me dijo: Está en un problema serio joven.
Una vez dentro del carro el tipo me explicó lo malo que era el conducir borracho, yo le insistí en que me hiciera la prueba de la alcoholemia. El insistió en mi licencia vencida, yo le insistí en que llevaba un día vencida. Al final ya un poco molesto por la situación le dije que si me tenía que multar que lo hiciera pero que ya llevaba media hora allí y eso no era normal. Fue entonces cuando me explicó que los dos éramos ya hombres y que yo debería de saber cómo se arreglaban esas situaciones. Me saqué la billetera y le dije que llevaba cinco quetzales encima, no me creyó y me pidió que revisara el maletín, le mostré que no tenía mas dinero y entonces me dijo que me acompañaría al cajero. A la mierda con la licencia vencida y el supuesto estado de ebriedad. Le dije que no tenía dinero en la cuenta ya que estaba bastante jodido ese mes y que por favor reconsiderara su actitud. Me dijo que saliera del carro, él hizo lo mismo y se reunió con los otros que ya tenían cara de impacientes.
Se me acercó de nuevo cuando vimos que venía una patrulla a lo lejos, paró a unos diez metros de mi y el policía me dijo que no me moviera y se fue a hablar con ellos. Al parecer estaban supervisando el retén. Después de un breve intercambio la patrulla siguió su camino y el tipo se me volvió a acercar. Esta vez se le veía mas enojado. Mirá patojito fresa, te puedo meter una bolsa de droga en la guantera si me dá la gana o inventarme cualquier cosa si no le encontramos solución a esto. Entre enojado y asustado le dije que no podía pagarle y le recordé que era un policía y lo que estaba haciendo era ilegal. Me recordó lo de meterme droga en el carro y me dijo que llamara a alguien que me trajera dinero entonces. Me negué rotundamente. Se acercó otro policía. Vos, el supervisor va a regresar en un rato y si ve que éste sigue aquí vamos a tener clavo. Y se volvió a alejar. El policía entonces se me pegó apuntándome con el arma y me explicó que de camino a la comisaría se pasaba por varios barrancos y que en uno de ellos se podía esconder un cuerpo. Fue entonces cuando decidí llamar a mi casa. Bajo la supervisión del policía le expliqué a mi mamá como pude el problema, le dije que fuera a buscar a mi cuñado que vivía cerca y que vinieran lo mas rápido posible. Le expliqué al policía que tardarían unos diez minutos y nos quedamos allí esperando.
La ley de Murphy siempre ha sido bastante cabrona conmigo y resultó ser que un poco mas arriba de la carretera había habido un accidente y estaba todo bloqueado así que los diez minutos se convirtieron en quince y luego en veinte. ¡Va a venir el supervisor vos! dijo uno y el policía empezó a preguntarme qué pasaba, como si yo pudiera saberlo y me volvió a apuntar con el arma, empezó a decirme todo lo que me iba a pasar si llegaba antes el supervisor y me volvió a recordar lo de los barrancos. Estaba ya muy nervioso así que volví a llamar a mi mamá y me dijo lo del accidente. Colgué y se lo expliqué al policía quien con lo comprensivo que era me dijo que estaba mintiendo y que ahora si iba en serio. La pistola me apuntaba una y otra vez. Llegó la situación a la histeria ya que los demas del retén se pusieron nerviosos y empezaron a gritarle al policía que hiciera algo y que los iban a coger por su culpa, así que el tipo me apuntó de nuevo y me gritó que llamara otra vez o allí se acababa el tema. Así que volvía a llamar para preguntar por qué se retrasaban, mi mamá algo habrá oído en mi voz que sólo dijo ahora mismo voy y colgó. Se lo expliqué al policía y siguió en la histeria, con insultos y amagues de golpearme, me agarraron de un brazo y me llevaban ya a la patrulla cuando a lo lejos vimos venir a alguien corriendo por la carretera, era mi madre. Hijos de puta. Al rato apareció a lo lejos el carro de mi cuñado que al ver que mi mamá se había bajado del carro hizo malabares para saltarse el accidente. La alcanzó y mi mamá se volvió a subir al carro.
Buenas noches señores, que bueno que vinieron, tenemos un problema con su hijo que venía conduciendo en estado de ebriedad. Negociaron con mi cuñado y acordaron una cantidad. Les dió trescientos quetzales. Trescientos putos quetzales. Yo fui incapaz de decir nada. Nos subimos cada quien a su carro y nos fuimos. Que le vaya bien alcancé a escuchar.
Cuando pasé mas adelante por la carretera descubrí por qué no había pasado ningún carro en todo ese tiempo salvo la patrulla. El accidente había sido bastante grave.
¿Por qué cuento esta historia? Pues me vino a la cabeza ese recuerdo hoy con un post de Prensa Negra y recordé como desde entonces me pongo nervioso cuando me para la policía. Recordé que mas policías me han parado y no han sido así pero me quedé con esa imagen y que por culpa de esos hijos de puta la imagen que tengo de la policía es nefasta. ¿Denunciarlo? En ese tiempo me habían pasado muchas cosas como para que los denunciara y tener fé en que la gente pagara sus maldades. Tal vez lo hago ahora porque ha pasado el tiempo y cuento con otros medios como este blog.
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Categoría: Relatos
Escrito por jcab el Monday, 27 de August del 2007
Alguna vez en nuestras vidas con suerte hacemos alguna gracia que sobrevive al tiempo, de esas que luego son citadas en reuniones posteriores por amigos o familiares y suelen empezar por Como dijo aquel o Se acuerdan cuando y nunca aburren. Es difícil hacer una pero cuando se hace queda estampada. Pues yo tengo una, una que sobrevivió entre algunos amigos que la recuerdan con gracia de vez en cuando. Cualquiera se enorgullecería de haber conseguido su gracia atemporal pero yo no, la mía fue accidental y se convirtió en una carga, una carga secreta de la que hoy he decidido liberarme al recibir en el messenger una amenaza de Edeleon que ponía: Sé tu secreto, sé lo del siete. Claro que luego le recordé que se lo había confesado hace tiempo pero a los demás no. Que Dios me pille confesado.
Todo empezó cuando estaba en la universidad, segundo o tercer año, estábamos estudiando en la casa de un amigo a quien llamaremos Leo, pues el Leo era el único del grupo que se había independizado y vivía solo así que su casa solía ser la base del grupo. Cualquiera que llegara allí se podía encontrar en un día cualquiera a mara estudiando, otras veces comiendo, otras huevoneando, otras chupando y otras veces echando un póquer.
Fue en una de esas tardes de estudiar y vagar cuando nos dio por trivializar, eramos el Leo, otro amigo y yo, de pronto el Leo contó una historia de nombres raros y preguntó qué nombre le daríamos a algún hijo, en ese momento yo recordé un episodio de Seinfeld en donde George Constanza decía que le pondría a su hijo Seven Constanza así que contesté Siete Cabrera, encima lo dije con tanta dejadez que me esperaba que alguien me respondiera con un Mulita por la mala broma o por haber visto el episodio. Pero no. La respuesta fue al revés de lo esperado. El Leo empezó a carcajearse mientras ponía cara de haber escuchado algo demasiado extraño, eso me sorprendió así que decidí seguirle el juego un rato, el Leo paraba de reir y decía ¿Siete? y yo le decía ¿y por qué no? así que volvía a reirse, luego paraba y decía ¿pero Siete Cabrera? y yo le decía Pues si, dá mucho juego, cuando tenga novia todos dirán que la novia sale con Siete o si se mete en una pelea el otro dirá que se peleó con Siete. Total que estuvimos dandole vueltas al tema de Siete Cabrera y el Leo no paraba de reir, el otro amigo era mas prudente. Cuando terminó ese día caí en la cuenta que entre risa y risa nunca les dije a estos que todo eso del Siete venía de Seinfeld. Se me hizo un agujero en el estómago, ser catalogado chafa no es bueno, pero opté por seguir así ya que se olvidaría pronto. Qué error.
Al día siguiente al llegar a la universidad me encontré con que el Leo se había encargado de ir contando lo del Siete, ahora comprendía que si yo o cualquiera decía que la broma venía de Seinfeld sería apaleado por chafa así que callé y decidí esperar a que pasara lo del siete. Qué error. Casi diez años mas tarde algún amigo aún me recuerda lo de Siete, sudo frío cada vez que veo una retransmisión de Seinfeld en la tele y me pregunto si algún amigo lo estará viendo. Pero prefiero ser yo el que lo diga y no que lo vean en la tele un día. Ha pasado mucho tiempo y pasaré de tener una gracia atemporal a ser considerado el mas chafa de la historia en mi grupo, todas las bromas que haga o haya hecho, las anécdotas, todo será puesto en tela de juicio. Todo por el puto Seinfeld, el puto Siete y la aclaración que nunca hice.
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Categoría: Rarezas, Relatos
Escrito por jcab el Monday, 16 de July del 2007
Vamos a hacer una gira por occidente. Tenía unos diez años cuando bajo ese lema salimos con mis papás y mis dos hermanas a conocer la zona occidental de Guatemala. Armados en un pickup con unas cuantas maletas, alguna TV y Novelas y un Condorito nos recorrimos en varios días Tecpán, Chichicastengo, Xelajú, Huehuetenango, y los pueblos que se nos fueran atravezando. Lo pasamos increíble. El último día de viaje cuando salimos del hotel nos dimos cuenta de que nos habían abierto el carro. Entre lo poco que se llevaron estaba el maletín de trabajo de mi papá con documentos en los que había estado trabajando por las noches de ese viaje. Tendría que repetir todo ese trabajo y no contaba con información que llevaba allí apuntada.
El camino de regreso se vio marcado por el silencio, mi papá no hablaba nada y llevaba una expresión de tristeza que nos conmovía a todos, tampoco hablábamos nada mis hermanas y yo, un poco por iniciativa propia de portarnos bien y no empeorar la situación y un poco por la mirada que de vez en cuando nos lanzaba mi mamá de cuidadito. De pronto a un lado de la carretera vimos a un pastor que cuidaba de unas ovejas, mi papá rompió su mutismo y nos preguntó si queríamos parar a jugar con ellas, ni dos veces. Paramos y mientras mis papás se acercaron a saludar al pastor nosotros tocábamos a las ovejas, de lejitos y con cuidado porque los tres eramos miedosasos, de pronto una oveja recién nacida se separó del grupo y fue directamente hacia mi papá, se le metía entre las piernas y le ponía la cabeza para que la acariciara. El empezó a reirse, era la primera vez que lo hacía desde que descubrimos el robo. Estuvimos allí un buen rato y la ovejita no se separaba de mi papá quien seguía riéndose a carcajadas. Se encariñó tanto con ella que se la compró al pastor.
Lo siguiente que recuerdo es que por algún motivo la ovejita no se fue en la palangana del pickup sino que con nosotros, mi papá talvez iba encantado con la ovejita y le hablaba todo el viaje en tono cariñoso pero nosotros tres ibamos atrás aterrorizados del bicho y procurando no movernos para no llamar su atención. La llevamos a la casa y en lugar de un perro tuvimos una oveja. Como somos simples la oveja se llamó ovejita, a no ser que alguna de mis hermanas la haya bautizado en secreto. Ovejita vivió con nosotros un buen tiempo y mi papá siempre la quiso mucho por haberle levantado el ánimo de una forma tan poco usual.
¿A qué viene esta historia? No lo sé, puede que venga porque este fin de semana me encontré con varios rebaños de ovejas y pensé en mi familia, puede que venga porque viendo a esos rebaños esperaba encontrar a un hombre que me resultara familiar riéndose a carcajadas jugando con una oveja mientras su familia le miraba divertida, puede que venga porque este lunes hace ocho años fue la última vez que vi reir a mi papá mientras desayunaba, puede que venga porque hoy me asusté al no recordar bien su voz y quise recordar alguna de las muchas anécdotas que vivimos juntos, puede que venga porque pretendía escribir esta historia en un tono gracioso para hacer reir a mis hermanas en un día tan difícil aunque al final me haya ganado la puta nostalgia, o puede que venga porque hoy me gustaría encontrarme con una ovejita que me hiciera reir y me levantara el ánimo.
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Categoría: Relatos
Escrito por krod el Wednesday, 9 de May del 2007
Aún recuerdo cuando era un niño asmático que pocas veces dejaba dormir a mis padres que sufrieron bastante conmigo, después de las medias noches a veces incluso pasaba horas recostado boca abajo en las rodillas de mi papá y él me daba palmadas en mi espalda para que se me calmara el malestar, vagamente recuerdo que muchas noches de niño las pase dormido no acostado sino sentado por este mal. El punto no es “pobre yo”, el punto es “pobres mis padres” que aunque no son los únicos que han pasado por esto y que hay otros que han pasado peores cosas, fueron los míos y es lo que viví y ellos vivieron.
Mi papá, por el trabajo lo miraba poco, era con mi mamá con la que más convivía, relativamente por que ella también trabajaba y fue mi abuelita y mis tías (las dos hermanas de mi mamá) quienes más me criaron, mi mamá trabajaba durísimo, y hasta la fecha son pocas las mujeres que conozco que trabajan tan duro como ella trabajó, recuerdo que uno de sus primeros empleos fue en un supermercado y en éste, sino estoy mal, por pagos me compró mi primer bicicleta del hombre araña.
Pasaron los años y vinieron mis dos hermanos a quienes les llevo 5 y 6 años respectivamente, mis padres tenían que trabajar más aún por que ya éramos tres “boquitas” y aparte yo con mis padecimientos y si a esto le agregamos que mi hermano que me sigue le dio dos veces hepatitis, ya se imaginarán ustedes.
Por problemas de niñeras nos la pasábamos de Lunes a Viernes con mi abuelita y de noche mis papás pasaban por nosotros para dormir en nuestra casa.
Recuerdo muy bien muchas noches que mi mamá nos llevaba a mis hermanos y a mí sola en ruletero (autobús) de la casa de mis abuelos a la nuestra que están a media hora usando ese medio que por el sector ir sólo era muy incómodo, imaginen a mi mamá cargando al menor de los tres y yo, que no era que se diga grande, llevaba de la mano al mediano, y no siempre mi mamá iba sentada, de hecho un par de veces yo iba casi en la puerta del ruletero cuidando que mi hermano no se cayera, mientras mi mamá medio recostada en algún lugar guardaba el equilibrio con mi hermanito en brazos.
Algunas veces por problemas de agua en la colonia, también teníamos que llevar agua potable a la casa, así que a veces yo cargaba al pequeño y mi mamá llevaba en una mano la cubeta con agua y a mi otro hermano, siempre en autobús.
No es que me esté quejando, por que mi papá es que se hiciera el desentendido de la situación, él se partía la espalda trabajando, y no teníamos más que un carro que a él le servía para trabajar, por eso muchas veces teníamos que recurrir a esta situación por que la mayoría de veces él pasaba por nosotros.
Mi mamá siempre quería lo mejor para nosotros, trabajó increíblemente y era una mujer de mucho éxito, incluso fue ejecutiva de una empresa que trabaja por grupos y su grupo llevaba el nombre de Éxito, no le puso ese nombre por casualidad, todos tienen una idea positiva de esa mujer de la que tuve la suerte fuera mi madre.
Llegó la etapa en la que me empezaba a celar por las amigas que empezaba a tener, pero nunca se salió de lo normal, también le gustaba que yo tuviera esas amistades.
En Enero del ‘97, a mis quince años, tuve mi primer novia oficial, yo cursaba tercero básico de secundaria y obviamente mi mamá tuvo que aceptar que su hijo ya había crecido lo suficiente para poder tener novia oficial, quien a propósito nunca ha dejado de serlo y que también es mi esposa, mi mamá era muy reservada en este tipo de cosas y casi no se manifestaba hacía el tema.
No estoy seguro en que fecha fue exactamente cuando mi mamá sufrió una especie de gripe, el doctor que la trató le hizo unos exámenes de sangre, recuerdo que mi papá actuaba raro cuando tuvo los resultados, pero dijo que todo estaba bien.
Una tarde íbamos a comprar una medicina y me quedé en el carro sólo con mi mamá, ella se puso a llorar y me dijo que no sabía que había salido en los resultado, pero que presentía que estaba muy enferma, yo me preocupe, pero no le tomé demasiada importancia.
A las semanas ella descubrió, sin que se lo dijeran, que tenía Leucemia. Al pasar de los meses por las quimioterapias perdió su pelo junto con casi toda su masa muscular, siempre andaba con turbante para cubrir su cabeza desnuda y con pants y sudaderos para protegerse del ambiente y cubrir los moretones de las incontables inyecciones que le ponían, llegó a un punto que un día la tomé del brazo y automáticamente se le puso morado como que hubiera recibido un fuerte golpe, ese día me alarmé demasiado, yo creía que después de las quimioterapias ella iba recuperar su pelo y todo iba estar bien, pero no fue así.
Es inexplicable el sufrimiento de mi mamá en esos, sino estoy mal, casi diez meses, era escalofriante escuchar sus quejas, habían mejoras y a veces empeoraba.
No tengo presente la fecha de cuando mi hermano hizo su primera comunión, pero mi mamá se miraba hermosa, le hicieron una peluca de pelo liso hasta el hombro con fleco cortado sobre las cejas, tengo muy presente que ella se sentía linda y todos positivamente la mirábamos alegre.
El 23 de noviembre de ese mismo año 1997, un Domingo gris, mi abuelita nos fue a despertar a mis hermanos y a mi (en ese entonces ya vivíamos a tiempo completo con mis abuelitos), nos dijo “su mamá los quiere ver”, recuerdo bien que mi abuelita en lo que nos buscaba que ponernos de ropa dijo con la voz quebrada “pobre mi muchachita” yo me sentí desesperado por llegar al hospital en el que mi mamá ya llevaba semanas respirando con oxígeno, medidores de pulso, etc.. Días antes mi mamá me había recomendado a mis hermanos llorando.
Cuando entré mi mamá estaba sin oxígeno, sin medidor de pulso, sin nada de todas las cosas que tenía conectadas por semanas, ella estaba respirando muy agitadamente, mi abuelita nos tomó de la mano y nos llevo hacía el lado derecho de la cama, mi abuelita tomó la mano derecha de mi mamá y nos persignó a los tres, yo no lo podía creer y me puse a llorar, no recuerdo que cara tenía mi papá, pero estaba seguro que ese era el último instante que iba a pasar al lado de mi mamá, me recosté a su lado y seguía respirando agitada, ella quería que ese día llegaran ciertas personas, cuando la última que faltaba llegó, la respiración agitada se detuvo. Al poco tiempo mi mamá volvió a respirar como cuando a alguien lo reviven con RCP y no sé por qué ni como pude decirle en ese momento que nadie quería que mi mamá muriera, le dije “descansa en paz mamá, descansa” y en un profundo suspiro mi mamá dejó de sufrir.
Muchos saben lo que es sentir esa sensación de ver como un ser amado se va y que el trauma nunca se supera totalmente, pero sé que mi madre ya lleva 9 y éste 10 de mayo será su décimo Día de la Madre en el cielo y aquí en este mundo aunque no tengo a mi mamá, se lo celebro a mi abuelita, a mis tías, mi suegra, etc. Y me queda la satisfacción que tuve una mamá como ninguna, que dio todo por su familia, que a pesar que cuando se fue yo tenía 16 años, aún a mis 25 sigo aprendiendo de ella, por todo lo que hizo, y aunque me muero por verla, abrazarla y besarla, sé que en el cielo me esta guardando un lugar y Dios dirá cuando.
Feliz día de la Madre a todas las mamás, demuestren sus sentimientos a sus mamás, y para quienes ya no la tenemos con nosotros físicamente, siempre estarán en nuestros corazones.
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